HABIA UNA VEZ // La pipa mágica (continuación)
Dice la leyenda que los espíritus de “Los Caballeros de la Piponeta” aún vigilan celosamente la mesa de ping pong las 24 horas. Hay quienes dicen que están debajo de ella e inclinan la cancha para que Jere gane algún que otro partido. Ninguna persona asegura haberlos vistos, pero todo aquel que intentó alguna vez robar el tesoro que se esconde debajo de la mesa de ping pong, nunca más volvió aparecer. Algunos sostienen que el
hombre que más cerca estuvo de conseguirlo, apareció inconscientemente arriba de la pared de la casa de Jere. Otros dicen que era un uruguayo denominado “Willy”, que luego de bajarse tres litro de “Uvita” tibio le pintó el chifle y trepó el muro con ansias de ir a reventar la un mini-mercado. Cutu les dijo a Pujo y Javi que él estaba muy del moño para arriesgarse a intentarlo, pero que ellos si podrían conseguirlo. Fue por eso que les reveló el secreto. Por eso, y para que le diesen un 20% de la marimba que estuviese allí abajo. Finalmente acordaron un 15%, un cajón de birra, caramelos para bajonear y el teléfono de una minita a la que le cabía la murra musulmana.
Dice la leyenda que esa misma noche Pujo y Javi se quedaron hasta el amanecer pensando de que manera podrían adquirir esa cosecha sin ser capturados por los diabólicos espíritus de “Los Caballeros de la Piponeta”. Pujo sostenía que la mejor manera de obtener esos maravillosos cogollos – que la naturaleza sabiamente les había dado para disfrutar, pero
que el hombre torpemente les había arrebatado – era bajarse una botella de Caña Legui entre los dos de un saque, ir debajo de la mesa y arrebatar un par de manos a los espíritus. Sin embargo, Javi sostenía que ese plan era más bien estúpido, dado que no le gustaba la Caña Legui y prefería el Coñac. Por su parte, él sostenía que la mejor manera de rescatar esas espléndidas flores de thc – que la naturaleza sabiamente les había dado para disfrutar, pero que el hombre torpemente les había arrebatado – era bajarse una botella de Coñac entre los dos de un saque, disfrazarse del Teletubbie amarillo cantando la canción del “Kun” Agüero, ir debajo de la mesa y arrebatar un par de manos a los espíritus, para así poder huir con el trofeo
Dice la leyenda que luego de horas y horas de discusiones sin sentido que involucraban botellas de Caña Legui y Coñac, a los Teletubbies, los espíritus, el “Kun” Agüero, Quiniela, puchos y birras, decidieron preguntarle a Cutu para definir cual era el plan más adecuado. Pero cuando voltearon para preguntarle, este ya no estaba. ¡Ni siquiera estaban en el bar! Mirando a sus alrededores y respirando profundo notaron que estaban en la casa de Jere, y mirando hacia abajo, notaron que estaban desnudos. Dudaron un largo rato si lo que les había ocurrido la noche anterior había sido real o un producto de su imaginación. Temían que en realidad hubiesen pasado toda la noche abrazados desnudos en la casa de Jere soñando cosas raras. Pero luego descubrieron algo que era mucho mas que una prueba de lo que realmente había sucedido la noche anterior. Revisando en su riñonera de mala muerte, Pujo descubrió en su interior la pipa mágica que Cutu les había heredado de “Los Caballeros de la Piponeta”. Esa mitológica pieza de inhalación de dulces aromas, ahora le pertenecía a ellos. Solo necesitaban un poco de producto para ponerle adentro.
Dice la leyenda que antes de embarcarse en la misión de rescatar ese poderoso botín que se escondía dentro de la flor, Pujo y Javi decidieron que lo mejor sería conseguir algo de ropa para vestirse. Más que nada
porque en esa madrugada, la mezcla de rocío con un leve bao tumbador de la casa de Jere era una combinación letal que los dejaría muy mal parados. Lograron entrar a la habitación de Jere conteniendo la respiración y con el fin de revolver los cajones para cubrir sus cuerpos. Con suerte, llegaron a encontrar una camiseta de Huracán, una remera con la foto de una ex – novia que había hecho en una galería de la calle Florida y un chori frío y mordido que terminaron bajoneando.
Dice la leyenda que esa mañana fue la última vez que se los vio a Pujo y Javi. Nunca sabremos cuán cerca estuvieron de cumplir con su cometido o si simplemente se compraron un boliche para poder fumarse un pucho y tomar todas las birras que quisiesen. Algunos dicen que luego de disfrazarse del Te
letubbie amarillo estuvieron trabajando en la Plaza Cólon de Mar del Plata, saludando a los niños y combatiendo aquellos sin vergüenza y/o borrachos que les cabe la violencia desacatada hacia muñecos cabezones tales como Teletubbies, Mickeys, Bob Esponjas, Panteras Rosas, etc. Otros dicen que luego de bajarse un botella de Caña Legui estaban tan de la nuca que invitaron a los espíritus a escabiar con ellos. El hecho es que el tesoro de “Los Caballeros de la Piponeta” sigue escondido allí dentro, esperando que algún valiente se anime a desafiar la leyenda. Alguien que se anime a enfrentar sus miedos más oscuros. Alguien que busque en este mundo algo más que transitar por él. Alguien que pise tan fuerte que deje una huella marcada en los libros de historia. Uno de esos que aparecen muy de vez en cuando pero que, cuando aparecen se hace escuchar: un héroe. Y ese héroe podes ser vos. Hacelo por Pujo, Javi, Cutu, Jere, Norberto… pero más que nada, y porque me muero de dolor, hacelo por mí.
¿Fin?



